Posteado por: iessierradeguadarrama | marzo 1, 2010

Naturaleza contradictoria

por Alfonso Ogayar Serrano

Todos los días el Sol nos alumbra por levante, y se difumina rojo por poniente. Desde siempre, este hecho ha proporcionado un gozo singular a cualquier ser humano.

Desde esta certidumbre confortable hemos logrado elevarnos a constelaciones, galaxias, nebulosas, agujeros negros, grandes explosiones e infinitudes cósmicas; pero, no obstante la frondosidad del árbol de la ciencia, nuestra naturaleza animal sigue solazándose con las dimensiones terrenales del árbol de la vida. Lo contradictorio es cuando se intenta domeñar la naturaleza, y nuestra naturaleza con ella, con visiones fijistas, teleológicas, supuestamente ideales, y nos envenenan la mente con falsas verdades y creencias acerca de la inmutabilidad, la indisolubilidad y la eternidad de cosas e instituciones.

Y esta perspectiva, supuestamente ideal, cala profundamente en nosotros, y hasta llega a incomodarnos el sabernos habitantes de un minúsculo y frágil planeta, sito en una esquina de una galaxia perdida entre los millones de ellas dispersas por el Cosmos…, y nuestra existencia, menos que un suspiro en el suspiro que es la Tierra en el Universo.

Tendemos a creer que todo amor que empieza, igual que toda organización humana, por nobles que sean sus principios y sus fines, se mantendrá siempre inmaculado, impoluto, sin una sombra. Pero, ineluctablemente, la jugosa fruta enmohece, el papel amarillea, las relaciones humanas pierden su frescura y generosidad, el ardor pasional se enfría, la lozanía se enmustia, y el vigor mengua.

Así, los lagos colmatados se transforman en bosques, las cuencas marinas en montañas, los continentes en mares y viceversa. “Todo cambia y todo queda”: los átomos van y vienen entre lo vivo y lo no vivo, de lo sólido a lo gaseoso.

Desde esta perspectiva, la única sabiduría en lo humano es vivir intensamente y, sin contradicciones entre el conocimiento y la vida, tejer y destejer burlando a la muerte que nos pretende para, Carpe diem universal, morir caminando en el personal camino de nuestros vitales pasos, siempre trazado tras de nosotros, pura estela machadiana.

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