Posteado por: iessierradeguadarrama | enero 3, 2013

¡Vámonos!

por Emilio de la Fuente

Dice el adagio: cuando uno se va, es porque ya se ha ido. De esta sencilla manera nacen los viajes, de la imaginación. Quien no se deja poseer por ella, quien no la alimenta, podrá ser  turista  pero difícilmente viajero. La aventura empieza en el mapa mental de los deseos y el viaje  por lo tanto,  mucho antes de partir. Un viaje se puede  comenzar  leyendo , que es como imaginar con guión. A veces la obsesión por un destino se construye a través de un nombre evocador:  Ispahan, Zanzibar, Iguazú,  o en el mirar evasivo a una Venecia que  colgaba de la sala de espera del  dentista . En todo caso,  viajar es una actitud. El viajero ha de proponérselo; debe estar dispuesto a la vida y sus cambios, al aburrimiento de la rutina de esa misma vida, a aprender lo que pueda  experimentando en carne propia…es decir, a hacer lo mismo que en su destino pero envuelto en olores distintos y sonidos diferentes. Hoy, los expertos en el estudio de la mente y en su degeneración, ensalzan las cualidades del viaje como paradigma del mantenimiento  de este increíble instrumento  a pesar de la edad. El cerebro necesita desafíos para no caer en la desconectividad neuronal   y  viajando  se  plantean todo tipo de situaciones atrayentes para que chisporroteen nuestros sesos. Al fin y al cabo, la humanidad ha llegado hasta aquí en un proceso evolutivo de adaptación y viajar es adaptarse. Espero que mi pensión me dé en un futuro para cuidarme las dendritas un par de veces al año.

Como espejo multiplicador , un viaje es tremendamente sincero y magullante. Kavafis y sus Itacas, los peregrinos del Camino de Santiago, Don Quijote y Sancho, todos ellos personifican  la metamorfosis que provoca. Nadie sale tal cual de un viaje hecho a conciencia.  Estar viajado sirve para entender que la  geografía mundial es la disculpa, que el verdadero recorrido se hace de puertas para dentro, donde las calles de Old Delhi parecen  bulevares parisinos de la mugre que guardamos. Porque el viaje bien planteado  fuerza al conocimiento  propio y al de los compañeros de ruta, viajando se  hacen  íntimos amigos y naufragan amistades con poco calado.  El viaje en solitario es más triste. La imagen de ese aventurero escribiendo sus notas en la terraza de un cafetín de Mongolia puede quedar muy sugerente en un documental  de sobremesa, pero  a la postre, el ser humano lo es por compartir experiencias que acaban en recuerdo, en memoria. 

Hemos hablado del viaje en la imaginación, no pocas veces  alejado de la prosaica realidad. Tendríamos que reflexionar también un poco sobre el viaje recordado. Con el paso del tiempo, con el olvido de los datos, nos quedan las anécdotas y  las sensaciones del viaje para pasar de la épica vivida a la lírica reconstruida. Depurados por los filtros del romanticismo más activo, tomarán gran relevancia pequeños  triunfos  y pasarán a segundo plano enormes patinazos. Se viaja con la carga vital del momento y , por entre los hilos tensos o relajados de nuestra coyuntura,  el viaje deja un poso altamente subjetivo. ¿Qué traes?¿Qué buscas?¿Qué te llevas del viaje? Las preguntas y las respuestas  cambian con el tiempo y con las situaciones, pero siempre recordaremos con benevolencia porque cualquier viaje obliga a crecer. Toda experiencia debería hacernos crecer  y, de entre las experiencias, viajar es la más completa, la más desafiante y la más enriquecedora.  La única enseñanza obligatoria  verdadera debería llevar por título“ Viajemos por el Orbe”. No existe un proyecto más integrador, motivador y excelente que un buen viaje a un lugar lejano. Todas las destrezas intelectuales y emocionales son requeridas en uno u otro momento. Se ve lo absurdo e injusto de las fronteras de este teatro que nos hemos montado, la sinergia de las gentes arrimando el hombro por las mismas cosas a miles de kilómetros ( el amor, la ambición, el poder, el cariño), la necesidad de abrir la mente y cerrar la boca hasta encontrar  un punto de apoyo  racional y la necesidad de  desdibujarnos el ombligo español, europeo y occidental . Así que  cojamos la maleta, porque donde hay un deseo  hay un camino. ¡Bon voyage!

mochilero2

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Responses

  1. QUE IMPRESIONANTE Y MOTIVADOR HA SIDO EL FRAGMENTO, EN PARTICULAR NO VIAJO MUCHO , PERO AL HACERLO LO DISFRUTO AL MÁXIMO,COMPARO LOS PAISAJES, RELACIONO Y ME INSPIRO EN LOS DETALLES REFLEJADOS. AUNQUE DEBO CONFESAR QUE DESPUÉS DE ESTA LECTURA HARÉ LO POSIBLE POR VIAJAR MAS A MENUDO..UN SALUDO NELLY


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