Posteado por: iessierradeguadarrama | diciembre 19, 2012

La literatura cobra vida en el Sierra de Guadarrama

por Begoña Mollá

Hoy el instituto Sierra de Guadarrama ha tenido el inmenso placer de recibir al novelista Alfredo Gómez-Cerdá. Pese a su apretadísima agenda, nos ha concedido no una, sino dos charlas con los seis cursos de 3º ESO, para hablar y comentar la novela que han leído del autor: Pupila de águila, un thriller lleno de suspense y acción en el que dos jóvenes, Martina e Igor, logran superar sus miedos, sus traumas y sus problemas personales para solucionar un enigma y enamorarse el uno del otro. Así contada, la novela parece excesivamente simple y lineal, pero nada más lejos de eso. Como Alfredo nos ha contado esta mañana, le gusta ser novelista de personajes, y así es en esta obra, pues el choque de dos caracteres opuestos produce una tensión que conduce a un crecimiento personal de ambos. Martina, como dice su creador, es el prototipo de mujer optimista, vital, llena de ilusión; mientras que Igor está desengañado de la vida, es desconfiado, introvertido y apático. En cuanto tiene un problema esconde, cual avestruz, su cabeza bajo tierra, llenándola de drogas que le mantengan en un feliz estado de inconsciencia. De este letargo lo saca la deportista Martina, que no se rinde nunca, de modo que muestra la solidez que aporta la disciplina y la constancia en el deporte y en los estudios. Son dos formas de pensar, dos formas de ver la vida que pueden formar, en un momento dado, un equipo para superar dificultades.

Alfredo Gómez-Cerdá

Alfredo Gómez-Cerdá

La charla con Alfredo se ha basado, fundamentalmente, en las preguntas que los alumnos han ido realizando, por lo que la sesión ha resultado muy dinámica y amena. A partir de las cuestiones que iban saliendo, nos hemos enterado de que Sierra y Fabra escribe mediante un plan ordenadísimo previo, por el cual es capaz de escribir sus novelas en una semana y que Alfredo, por el contrario, disfruta contemplando cómo se va desarrollando su relato, que es quien realmente lo lleva al desenlace. También nos ha propuesto una idea muy innovadora. Como el profesor de literatura de El club de los poetas muertos, si al lector no le gusta el final, puede coger el último capítulo y arrancarlo. En vez del final feliz tendremos un drama con final neutro, como una puerta cerrada, en el cual los chavales han descubierto el enigma de la muerte del hermano de Martina, han descubierto a los culpables y han sido rescatados por la policía de una muerte segura, pero su historia de amor se ha truncado por el camino, y es imposible volver atrás. Por el contrario, si se lee el último capítulo, Igor toma un tren y acude a buscar a Martina, a un pueblo cercano a otro que huele a galleta, Aguilar de Campoo, un pueblo donde nuestro autor ha disfrutado varios veranos de la hospitalidad de su amiga Charo, a quien va dedicada la novela.

Un libro publicado hace unos veinte años que mantiene la frescura del recién salido de la imprenta ya tiene de por sí mérito. Que siga enganchando la lectura a nuestros jóvenes empieza a ser un milagro. Que recibamos visitas tan ilustres ha sido una experiencia seguramente inolvidable para todos. Así que muchas gracias, Alfredo, esperamos que vuelvas el año que viene y también esperamos ansiosos la publicación de tu nueva novela y una nueva visita para el año que viene.

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